miércoles, 2 de marzo de 2016

Cambios.

En el momento que aceptas
que tu vida no es perfecta,
pero ¿de quién si lo es?, si
quien más feliz parece, es
quien mejor disimula su caos.
En el momento que aceptas que
tendrás días de bajón, pero que
esos serán los mismos que te harán volver a la cima, es el justo momento
en que tu vida cambia, que empiezas
a ver lo negativo como algo positivo,
que empiezas a cambiar todo lo malo, por algo bueno,
y sonríes.

Doce vidas en tu espalda.

Me encanta acostarme a su lado,
que duerma conmigo, y me acaricie
después de haberlo hecho durante
toda la noche, que me mire y me
suelte un "te quiero, ojalá nunca
te vayas", que hace que me den
ganas de romper todos los relojes
para parar el tiempo en ese justo
momento que siento que es mía.
Mía, me encanta hacerla mía, y ella
lo sabe, lo sabe porque me pide que
lo haga, y yo solo cumplo sus
órdenes.

Empezamos con las preliminares,
muchos besos, muchas caricias,
besos lentos, pulsaciones aceleradas,
besos por aquí, besos por allá,
y cómo negarme a la magia de su
cuerpo, a tan delicada escultura,
cómo negarme a sentir como se
le acelera el pulso, cuando le
acaricio debajo del ombligo.

Pasan las horas, termina el juego,
acabo con sus fuerzas, y ella
acaba con las mías, le beso, y
en el silencio de la noche le pido
que se quede toda una vida,

"Mi vida, quédate, prometo hacerte mía toda la vida, y yo ser tuya todo el tiempo que me dejes"

       ella sonríe, y yo me enamoro.

Noches y noches.

Cae la noche, y con ello, su cuerpo delicado al lado mía,
me abraza,
la beso,
me besa,
me mira,
sonrío,
sonríe.

            Y yo suspiro.